Tu novio te llama por error con otro nombre. Sus ojos permanecen demasiado tiempo en tu amiga. Te habla entusiasmado sobre una compañera del trabajo. Casi todas sus amigas se han enrollado o tonteado con él cuando eran más jóvenes.
celos, el monstruo de ojos verdes
Y el fuego te atrapa. Los celos, esa combinación nauseabunda de posesividad, sospecha, rabia y humillación pueden sobrepasar tu mente y amenazar tu más profunda esencia al contemplar a tu “rival”.
El monstruo de ojos verdes, como Shakespeare lo llamaba, puede aparecer en cualquier momento de la relación: al comienzo cuando la pasión y el deseo abundan, a los años cuando hay compenetración y unión o incluso cuando te has desenamorado de tu pareja.

¿Por qué sentimos celos? 

Algunos terapeutas suelen considerar al monstruo como una cicatriz de un trauma infantil o un síntoma de otro problema psicológico, como falta de seguridad y amor propio. La gente que se siente inferior, insegura o excesivamente dependiente de su pareja tiende a ser más celosa que el resto.

Pero el monstruo en realidad se desarrolló por razones positivas. El estado de alerta característico de los celos nos salvaba de la traición de la pareja, lo que ayudaba al fortalecimiento de la unidad familiar y la supervivencia del linaje. También ayuda a espantar pretendientes en favor de una relación más estable y gratificante.

Incluso pueden ser buenos para el amor. Una puede sentirse secretamente halagada cuando su pareja se pone ligeramente celosa. Y pillar a alguien coqueteando con tu pareja puede provocar algo de lujuria y pasión que reavive la relación.

Los celos afectan también a otras especies

La primatóloga Jane Goodall relata cómo Passion, una chimpancé hembra que estaba inclinando sus nalgas hacia un varón joven en la clásica pose de deseo para los chimpancés, éste no le hizo caso y se fue a cortejar a otra, y ella respondió dándole una durísima bofetada.

Las sialias, una clase de ave, también son celosas. En un experimento con una pareja reproductora el biólogo evolutivo David Barash esperó hasta que el macho estuvo fuera y colocó a un macho de peluche en un rama a unos 3 pies del nido, donde la hembra descansaba. Cuando el macho volvió, empezó a graznar, revolotear y clavar su pico con furia en el maniquí. Luego atacó a su compañera arrancando plumas de sus alas. Ella huyó. 

De una forma u otra, los celos siempre son destructivos

Las armas de doble filo son difíciles de controlar. Algunas personas se ven dominados por los celos destrozando su amor propio y destruyendo su yo más profundo.

Y en el peor de los casos se vuelven violentos. No olvidemos que los celos son una de las principales causas de homicidio conyugal en todo el mundo.

Y es que los celos, aun del aire matan. 

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Soy Andrea Méndez Mollá, psicóloga, y quiero que tengas la relación de pareja que mereces